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viernes, 15 de octubre de 2010

LOS TRIUNFADORES.



A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce.

No son los que construyeron grandes obras, dejaron constancia de su liderazgo o viajaron, en primera clase.

A veces los triunfadores no son los administradores geniales, ni los visionarios del futuro o los grandes 

emprendedores.

Por ello, tal vez no los reconoceríamos en medio de tanto pensador, filósofo o tecnólogo, que supuestamente conducen

 a este mundo por la senda del progreso.

A veces el triunfador no es el negociador internacional  el hacedor de empresas de clase mundial o el deslumbrante 

estadista que asiste a reuniones cumbre



No es el que se afana por exportar mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo.


Porque el triunfador puede ser también el que calladamente lucha por la justicia, aunque no sea un gran orador o un 


brillante diplomático.


El triunfador puede ser igualmente el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder.

Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero, con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí 

mismo para dimensionar las posibilidades de su corazón.

Es el que quizás nunca alzó soberbio su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente en su familia

 y con sus amigos y los cercanos a su alma.


Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos, pero sí en el diario de Dios; el que no recibió 

reconocimientos, pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor a sus hijos y

 el que pensó en redimir a su pais a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y rutinario y aquel que prefirió 

la sombra, porque, finalmente, es tan importante como la luz.


A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina  ni una secretaria ejecutiva, ni posee tres maestrías; 

no hace planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero su vida tiene un sentido, hace planes con

 su familia, tiene tiempo para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza de la vida.

A veces el triunfador no es el pasa a la historia, sino el que hace posible la historia; el que encuentra gratificante 

convencer y no sólo vencer y el que de una manera apacible y decidida lucha por hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.
El que sabe que aunque sólo vivirá una vez, si lo hace con maestría, con una vez le bastará.

A veces el triunfador no tiene que ser el que construyó grandes andamiajes y estructura administrativas, pero supo 

cómo construir un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos, no tiene e-mail, pero conoce y saluda

 a sus vecinos, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior y sin haber realizado grandes

 obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo y fue, como dice el poeta, el cómplice de su propio destino

.
A veces el triunfador suele ser Teresa de Calcuta, o Francisco de Asís o Nelson Mandela, o tal vez la enfermera callada,

 el obrero sencillo y el campesino olvidado, porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con su 

esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia.


A veces el triunfador puede ser el carpintero pobre de un lugar ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño 

humilde que nació en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada

Por Rubén Núñez de Cáceres

De su libro: Para aprender la Vida

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